Boletin Informativo - Comunidad Ciudad de Dios

Número: # 00004
Junio de 2006

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En este XXVIII Aniversario Ciudad de Dios:
"...Obedeceremos y Haremos todo cuanto ha dicho Yahvé..."



PROGRAMA DE NIÑOS: FLECHAS DEL GUERRERO

Don Bayardo Reyes EL SEÑOR NOS DA UN NOMBRE A NUESTROS HIJOS

“Los hijos que nos nacen son ricas bendiciones del Señor. Los hijos que nos nacen en la juventud son como flechas en manos de un guerrero. ¡Feliz el hombre que tiene muchas flechas como esas! No será avergonzado por sus enemigos cuando se defienda de ellos ante los jueces.” (Salmo 127:3-5)

No es casualidad que el Señor de los detalles nos haya regalado el nombre “Flechas del Guerrero” para nuestros hijos, pues a cada uno de nosotros nos ha prometido un nombre nuevo y una nueva identidad cuando empezamos a caminar con Él. Nosotros mismos escogemos para nuestros hijos un nombre que les muestre a los demás quienes son e identifique a que familia pertenecen. Pues bien, de igual forma el nombre que les da el Señor nos enseña QUIENES son y QUE son nuestros hijos para Él.

 
Cuando el Señor habla de los niños les llama bendiciones, y también FLECHAS. Dios les llama “FLECHAS EN MANOS DE UN GUERRERO”, y una flecha es nada más y nada menos que un arma. Nuestros hijos son pues armas importantes que el Señor nos regala para defendernos del enemigo. Aunque nosotros los adultos nos empeñemos en creer que somos nosotros quienes defienden a nuestros hijos, cuando se trata de guerra espiritual la Biblia nos dice algo muy distinto. Dice el Salmo 8: 2 “Con la alabanza de los pequeños, haz construido una fortaleza para acabar con rebeldes y adversarios.

Una fortaleza es simplemente un baluarte que impide que el enemigo entre a nuestras casas. Cuando nuestros hijos oran están construyendo y haciendo más y más fuerte la muralla, pero es nuestra responsabilidad que ellos ocupen sus lugares dentro de ese baluarte. Aunque no logremos comprenderlo en toda su magnitud la oración de nuestros hijos tiene PODER. Estamos seguros que las alabanzas de un niño, los de corazón puro y mente limpia, llegan sin interferencia ante el trono de Dios padre y por eso son mas efectivas.

Nuestros hijos son llamados a ser parte de la Muralla. si no los traemos para que tomen el lugar que les corresponde lo que vamos a hacer es una muralla terremoteada y llena de huecos.

Infinidad de veces nos ha dicho que somos su ejército, pues entonces ¿Qué soldado da batalla sin estar con su armadura debidamente preparada? Reflexionemos pues hermanos si nos estamos tomando en serio las palabras de nuestro General que repetidas veces nos insistía este año que pasó “tráiganme a sus hijos”. Estamos pretendiendo darle batalla al enemigo sin tener a mano las armas que el Señor nos da? Vamos a luchar sin tener nuestras flechas afiladas?

El Señor nos lo ha dicho hasta la saciedad: “Tráiganme a sus hijos, háblenles de Mí y de lo que yo he hecho con ustedes.” Nuestros hijos necesitan saber cual es el llamado que el Señor nos ha hecho para comprender cual es el lugar que deben ocupar.

Retomemos pues la imagen de guerreros para ver cual es el propósito del Señor al llamar a nuestros hijos “Flechas”. El ejercito que tiene más armas y mejores es el que va a ganar. “¡Feliz el hombre que tiene muchas flechas como esa!” dice el salmo 127. El Señor nos ordena ponernos Su armadura, nos regala la espada de Su Palabra y pone Flechas en nuestras manos para que las mantengamos afiladas y listas para dar batalla. No permitamos que el mundo nos robe esas armas preciosas que Él nos ha dado.

Recordemos hermanos que las flechas no pueden atacar por sí solas, necesitan ser lanzadas para alcanzar su destino y vencer al enemigo.

Cuando un guerrero lanza una flecha puede alcanzar algo que está más allá de su mano. Es una extensión de él. Dice la Biblia en 1 Pedro 2:9 “...ustedes son una familia escogida, un sacerdocio al servicio del rey, una nación santa, un pueblo escogido por Dios.” El Señor tiene un Pueblo que le pertenece: Ciudad de Dios es una parte de ese Pueblo. Si nuestros niños y jóvenes son parte de este Pueblo entonces este sueño del Señor que se llama Ciudad de Dios continuará para siempre, hasta donde nosotros sus padres ya no podamos alcanzar pues estaremos ocupando nuestros lugares desde el sector del cielo.

No esperemos hermanos que nuestros hijos crezcan para llevarlos ante el Señor. Ellos no solo son parte del futuro de la comunidad, son parte primordial del presente. Son nuestras armas de ataque, son lo que hará posible que nuestra comunidad tenga ese carácter transgeneracional, lo que le da vida. Permitámosle al Señor enseñarnos a través de los niños, aprendamos como ellos a descubrir la mano de Dios en las cosas de todos los días.

¿Cómo podemos pues dejar en segundo plano la formación espiritual de nuestros más pequeños? Hablémosle hasta el cansancio del Dios que nos salvó, como dice el texto de nuestra filacteria de Deuteronomio 6: “Escucha Israel... Grábate en la mente todas las cosas que hoy te he dicho, y enséñaselas continuamente a tus hijos, háblales de ellas tanto en tu casa como en el camino, y cuando te acuestes y cuando te levantes.”

¡Gloria al Señor de los niños!